Geografia física y humana de Japón
Feb17

Geografia física y humana de Japón

En este artículo presento algunas nociones básicas de geografía física y humana de Japón que os ayudaran a situar mejor el país asiático. Al mismo tiempo, os acercaran a una realidad muchas veces necesaria para entender algunos de los secretos que entraña la sociedad nipona. Japón desde hace miles y miles de años es un archipiélago. El hecho de encontrarse separado del continente ha influenciado en la forma de vivir de sus habitantes y mucha gente habla de que los japoneses tienen valores y costumbres nacidas de su insularidad. El país se sitúa en les coordenadas 36 º 00’ N i 138 º 00’ E y cómo si de un dragón se tratase se extiende de norte a sur en la costa oriental del Continente asiático. En cuanto a la geografía física y humana de Japón, el país cuenta con una superficie terrestre de unos 377.829 qm2, solo un poco más extenso que Finlandia y con la mayor parte del territorio ocupada por las cuatro islas más importantes. De norte a sur: Hokkaidô, Honshu, Shikoku y Kyûshû. Además de otras islas menores cómo Kunashiri, Etorofu y Habonai, al norte, y Ogasawara y Okinawa, las islas más al sur. Si de demografía hablamos, Japón cuenta con la séptima población del mundo, 127 millones de habitantes. La esperanza de vida de los japoneses es la más alta del mundo y no es extraño ver índices de población en los cuales los jubilados de más de 65 años se han convertido en la franja de edad más representativa. La urbanidad de la sociedad japonesa Nos encontramos delante de un país, en el cual dos terceras partes de su territorio la conforman zonas de montaña y solo el 13% son llanuras aluviales con capacidad para llevar a cabo la agricultura. Un hecho de suma importancia a lo largo de toda la historia de Japón, ya que el control de las zonas fértiles se convirtió en un argumento de fuerza y poder para una sociedad basada en la agricultura y más concretamente en un cereal que necesita de grandes extensiones de terreno para ser cultivado, el arroz. La distribución de la población sobre el terreno marca el estudio de la geografía física y humana del país asiático que ha ido cambiando a lo largo de los siglos según fuera la base económica del mismo. Actualmente, más del 40% de los japoneses viven en el llamado triangulo japonés: Tokio-Kioto-Osaka. La capital del país, Tokio, aún sin contar con el 2% del área total del país aglutina el 23,4% de la población nipona con más de 12 millones de habitantes y su área metropolitana llega hasta los...

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El haiku y Matsuo Basho
Nov13

El haiku y Matsuo Basho

La poesía japonesa comprime un rico imaginario y mucho poder emocional en unas pocas palabras. Debido a la creciente influencia del zen a partir del siglo XIV, el concepto de “menos es más” impregnó el espectro cultural. Su forma más depurada y sintética es el haiku, un poema evocador y a menudo elegíaco de tres versos de cinco, siete y cinco moras de forma respectiva. Las 31 sílabas de la poesía clásica tanka (la principal forma poética entre los siglos IX y XIII) fueron reducidas a las actuales 17 del haiku. De los exponentes del haiku, ninguno es tan venerado como Matsuo Basho. Nacido samurái, Basho estudió en un monasterio zen antes de sobresalir como poeta. Habitualmente recorría el país durante meses, salpicando sus diarios de viaje con haikus magistrales. Su obra principal Oku no Hosomichi (El estrecho camino hacia el lejano norte) fue escrita en 1689 en el transcurso de su gran viaje a la región de Tohoku, al norte de la isla de Honshu. Matsuo Basho es considerado el máximo precursor del concepto del kigo dentro del haiku. Una palabra capaz de evocar en el lector una imagen perteneciente a una de las cuatro estaciones del año. Frágil y envejecido prematuramente, el poeta murió durante uno de sus viajes, víctima de los alimentos envenenados que comió en una posada cuando se dirigía...

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Escapada a Yakushima
Sep14

Escapada a Yakushima

En el artículo de hoy recordaremos el viaje a la pequeña isla meridional de Yakushima. Patrimonio de la humanidad, se ha convertido en un verdadero paraíso natural albergando, además, uno de los árboles más longevos del mundo. Desde que llegué a Miyazaki, no había tenido aún la oportunidad de hacer turismo por la isla de Kyûshû (九州), las más meridional de las cuatro que forman el archipiélago japonés y característica por sus bellos paisajes naturales. Así pues, durante la Golden Week (del 27 de abril al 6 de mayo) decidí hacer una escapada de tres días a la pequeña isla de Yakushima (屋久島). La isla, con forma de pentágono irregular, se encuentra a unos 60 kilómetros de Kagoshima (鹿児島) y, con apenas 15.000 habitantes, Yakushima posee uno de los ecosistemas menos alterados por el hombre hasta el momento. Fauna y flora conviven en armonía con el ser humano, que se ha encargado de proteger este entorno natural desde que llegó a la isla. A su vez, los frondosos bosques y las transparentes aguas de Yakushima, que sirvieron de inspiración al director Hayao Miyazaki para crear los bellos parajes de La princesa Mononoke, albergan en su interior más de 300 especies autóctonas de plantas y animalesque no han sido catalogadas en ningún otro rincón del planeta. Un hecho que no pasó desapercibido por la Unesco, quién en 1993 declaró parte de la biosfera de la isla Patrimonio de la Humanidad. Dentro de las especies protegidas por la Unesco se encuentra el llamado Cedro de Yakushima(屋久杉). Un árbol que sólo crece en la isla (a partir de cierta altitud) y que desde hace años se ha convertido en un verdadero reclamo turístico. Miles y miles de japoneses visitan cada año los bosques de Yakushima para contemplar la majestuosidad de estos árboles milenarios. Y, sin lugar a dudas, de entre todos ellos destaca el Cedro Jômon (縄文杉), el más viejo de los Cedros de Yakushima. Los expertos calculan que nació hace más de 2.500 años durante el neolítico japones, también llamado época Jômon, de ahí su nombre Para poder ver este ejemplar único, es necesario emprender un largo camino y es que se encuentra situado a gran altitud. Es por ello que decidí contratar un guía y vivir mi primera experiencia con el trekking. A las cuatro de la mañana me recogieron del hostal para llevarme a los pies de una de las montañas que conforman la geografía de Yakushima. Me disponía, junto a una familia japonesa, y a otros centenares de intrépidos (sí, más preparados que yo) a emprender un largo camino para observar, in situ, al majestuoso Cedro Jômon. Durante las diez horas de camino hubo tiempo para todo, incluso para discutir de economía con el padre de familia. Quedé fascinado por la belleza de los parajes naturales de Yakushima y es que...

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Terremotos
Ago07

Terremotos

Aunque los volcanes más activos son los de Kyûshû (en especial Aso, Unzen y Sakurajima), la presencia de aguas termales, géiseres, charcas de barro hirviendo y emanaciones sulfurosas en los alrededores de la falda de las montañas de otros muchos, incluido el monte Fuji, desmienten su letargo. La actividad volcánica y el movimiento de las placas tectónicas convierten Japón en un país especialmente proclive a los terremotos. De hecho, en el archipiélago se registran hasta 2.000 terremotos anuales, muchos de ellos tan pequeños que sólo los notan los sismógrafos. Con lecturas superiores a 8 grados en la escala de Richter, temblores como el Gran Terremoto de Kanto del 1923, el que castigó a Kobe en 1995 o el último y más catastrófico con 9,1 grados que provocó la muerte de más de 15.000 personas y un tragedia nuclear, en la prefectura de Fukushima, de magnitudes nunca vistas. La llanura de Kanto es un lugar especialmente vulnerable. Durante siglos, la región de Tokio-Yokohama sufrió importantes más o menos cada 70 años. Los seísmos de gran intensidad en el mar desencadenan los tsunamis, maremotos de colosales olas sísmicas que al llegar a tierra lo arrasan todo a su paso como ocurrió el pasado 11 de marzo.Kamakura también sufrió la ira de la naturaleza y fue destruida por un tsunami en 1495 y otro golpeó la isla de Okushiri-to, frente a...

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De vuelta
Ago28

De vuelta

Y finalmente terminó mi aventura japonesa, al menos de momento. Han sido dos años de vivencias y convivencia con los japoneses que, sin duda, me han  servido para percibir la enorme cantidad de diferencias que existen entre ambas sociedades. Los tópicos, en la mayoría de ocasiones, no son más que etiquetas y, a veces, sólo sirven para menospreciar aquello que miramos desde la distancia. Aún así, cabe decir que muchos de ellos son del todo ciertos cuando hablamos de Japón. Durante todo este tiempo he vivido en dos ciudades completamente distintas, diametralmente opuestas en cuanto al ritmo de vida. Kioto, antigua capital imperial de Japón durante el período Heian (794-1185) y testimonio del florecimiento del budismo con centenares de templos y preciosos lugares dedicados al retiro espiritual. Durante los últimos años, Kioto se ha convertido en uno de los destinos preferidos por todos aquellos que quieren profundizar en el aprendizaje del idioma japonés y, año tras año, sus universidades reciben centenares de estudiantes venidos de todo el mundo. Su entorno y un nivel de vida mucho más relajado en comparaciónal “hervidero” de la capital japonesa, Tokio, han convertido Kioto en un destino idóneo para aprender japonés. Se hace difícil de nombrar todo aquello vivido y todas las personas conocidas durante mi año de estudios en la Kyoto University of Foreign Studies (KUFS). Sólo puedo decir que se ha convertido en la mayor y más grande de las experiencias vividas hasta el momento. Por otro lado Miyazaki. Cuando el Ministerio de Cultura Japonés (el Monbukagakushô) me otorgó la beca de estudios escogió la universidad de esta localidad situada al sureste de la isla de Kyûshû, la más meridional de las cuatro que conforman el archipiélago japonés. Antes de aterrizar en Miyazaki hablé con amigos y hacer un poco de búsqueda sobre lo que me depararía mi nuevo destino. Todo coincidía en que iba a cambiar el ambiente internacional, propio de una de una gran ciudad como Kioto, por una vida mucho más tranquila, una vida en el campo. Y así fue, Miyazaki, aún siendo una ciudad de 400.000 habitantes mantiene intacto ese aroma rural y provinciano (los japoneses lo llaman 田舎, inaka). La naturaleza se convierte en actor principal ofreciendo un sinfín de bellos y verdes parajes por doquier. El mar que baña las costas de la capital de la prefectura que lleva su mismo nombre, Miyazaki, es uno de los lugares preferidos por los amantes a los deportes acuáticos y son muchos los que deciden venir a surfear a sus playas. En definitiva, un entorno tranquilo, sin distracciones, propicio para el estudio del idioma pero en el cual desde el...

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