La cerámica japonesa: historia y particularidades

Hablamos de la jardinería, el cultivo del bonsái, el arreglo floral o ikebana (生け花いけばな), el shodô (書道 しょどう) o “camino de la escritura” y la cerámica japonesa de la que hablaremos en este artículo.

Historia de la cerámica japonesa 

Los primeros vestigios de la cerámica nipona conocida como tôjiki (陶磁器 とうじき) o yakimono (焼き物 やきもの) se remontan a la antigua cultura Jômon (finales del Paleolítico hasta el Neolítico). Hasta la introducción de técnicas refinadas procedentes de China y Corea a partir del siglo VI la cerámica japonesa era más bien funcional y rústica. Fueron inmigrantes procedentes del continente quienes introdujeron métodos más sofisticados de cocer la arcilla. Por ejemplo, el uso del torno llevó a formas más lisas de las piezas y el perfeccionamiento de los hornos posibilitaron hacer cerámica Tang vidriada al plomo, salpicada y la llamada loza de vidriado oliva.

La cerámica japonesa vidriada, por eso, no inició el proceso de refinamiento y sofisticación hasta el silo XIV. Fue en la localidad de Seto, prefectura de Aichi, donde se encontraba gran parte de la industria de la porcelana japonesa. Algunos, incluso llamaban a las piezas producidas en este territorio Seto-mono (瀬戸物 せともの) o Seto-yaki (瀬戸焼 せとやき), “cerámica de Seto”.

Cerámica japonesa

La cerámica japonesa es preciada en todo el mundo

Procedencias de la cerámica japonesa

La cerámica del archipiélago destinada a la ceremonia del té aportó innovaciones basadas en la “tosquedad” de las piezas procedentes de los hornos de Hagi, Raku y Karatsu. Por su lado, la porcelana azul y blanca introducida en Japón durante el siglo XVII se producía en Arita, en las islas de Tsushima. Más tarde a estas piezas, también policromas, se las conocería como Imari por su lugar de procedencia. Localidad portuaria vecina de Arita desde donde se exportaba este tipo de cerámica. Junto con la policroma de Satsuma, la de Imari es considerada la cerámica más representativa de la actual alfarería japonesa.

Bizen, en la prefectura de Okayama, al oeste de de la isla de Honshu, fue otro de los grandes centros de la cerámica japonesa durante el medievo. Localidad famosa gracias a sus vasijas de barro no vidriadas. A partir del siglo XV su popularidad aumento cuando la calidad de su acabado rústico se hizo famosa entre los maestros del té.

A finales del siglo XIX la cerámica tradicional japonesa decayó aunque muchos alfareros nipones siguieron en activo, sobre todo en Kyûshû. En la actualidad, aunque en menor medida, Japón sigue fabricando piezas de arcilla, porcelanas, gres y esmaltes muy preciados fuera de sus fronteras.