El matrimonio durante el periodo Edo

El periodo Edo (1603-1868) es conocido por el “cierre” del país al exterior. La regencia militar de los Tokugawa, el bakufu (幕府 ばくふ), optó por el ostracismo aislando Japón de los circuitos comerciales de la época. Las influencias extranjeras se redujeron a un pequeño grupo de jesuitas y a algunos europeos y americanos que contaban con el beneplácito de las autoridades shogunales. Una rápida aproximación histórica de puertas a fuera, pero: ¿Cómo era la vida de los campesinos y clase trabajadora de entonces?, ¿Cómo se entendía el matrimonio durante el periodo Edo? De ello hablaremos en los siguientes párrafos.

Qué se entendía por matrimonio durante el periodo Edo

Es innegable que las uniones matrimoniales jugaron un papel importante en esos años. La unión entre hombre y mujer no era más que una metáfora del vínculo existente entre la clase regente y los gobernados. Una relación basada en la fuerza ejecutada por los primeros frente a la sumisión de los segundos. Los matrimonio durante el periodo Edo se regían por la clase social del marido; según fuera samurái ( さむらい), campesino o comerciante disponía contaba con una serie de privilegios así como de obligaciones a cumplir por ley.

El concepto confuciano de “sociedad patriarcal” legitimaba el sistema legal de la época, donde hombres y mujeres no eran vistos por igual. El bakufu dictaba las leyes relativas al matrimonio durante el Periodo Edo y, al mimso tiempo, legislaba e impartía “justicia” en casos de adulterio o  mikkai (密会 みっかい). Su traducción, “verse en secreto”, se extendía al encuentro sexual entre una mujer casada y todo aquél que no fuera su marido. Que un hombre engañara a su esposa no estaba penado por ley. El marcado carácter patriarcal de la sociedad nipona de la época volvía a quedar patente.

Sumisión de la mujer en el matrimonio durante el periodo Edo

La sumisión de la mujer hacía el hombre era evidente en el matrimonio durante el periodo Edo

La mujer como propiedad de su marido

Una vez consumado el matrimonio, la mujer se convertía en propiedad de su marido o de los padres del mismo. El adulterio no era más que la disputa entre dos hombres por una “propiedad”, la mujer. En esa “lucha” intervenían la adultera, el amante, el marido y, en ocasiones, las familias de los implicados. Una contienda originada en la esfera privada que podía llegar a desestabilizar el orden social preestablecido. Por ello, los gobernantes se implicaron seriamente en la regulación del adulterio.

Un severo castigo para la adultera

Existía una gran diferencia entre el bakufu y las costumbres de cada región a la hora de castigar el adulterio. Mientras que el shogunato promulgaba las leyes, su aplicación quedaba en mano de los daimyô (大名 だいみょう) y de las comunidades rurales. El matrimonio durante el periodo Edo era considerado una institución “sagrada” y debía castigarse en consonancia.

Los distintos veredictos existentes afectaban única y exclusivamente a la mujer: el perdón, permitirle volver a casa de su esposo, enviarla al exilio y, en casos extremos, la condena a muerte. En el momento en que el bakufu consideró el adulterio como un crimen punible la mujer pasó a ser la principal culpable.

Pintura de la sociedad japonesa durante el periodo Edo

Regulación del adulterio durante el periodo Edo

El adulterio, al igual que el matrimonio durante el periodo Edo, era regulado según el orden social establecido. Fuera en Edo, la capital, o en los territorios regentados por los señores feudales la sexualidad de la mujer era propiedad de su marido. En el momento que esta decidía huir con otro hombre, su familia, la del amante y la de su esposo quedaban “señalados”, una “mancha” difícil de sobrellevar para muchos.

El adulterio era perseguido y juzgado implacablemente siempre con consecuencias nefastas para la mujer. Así, muchas de ellas decidieron tomarse la venganza por su mano. Turbios sucesos que llegaron a escenificarse como obras teatrales de gran éxito a finales del siglo XVII

La relación entre hombre y mujer en la sociedad japonesa actual

Parece que muchos de los dejes que regían el matrimonio durante el periodo Edo se han prolongado hasta la actualidad. Una sociedad completamente patriarcal donde más del 90% de las grandes empresas del país están dirigidas por hombres. Algo que también sucede en el plano político con un porcentaje ínfimo de mujeres parlamentarias.

El estigma de “ama de casa” y sumisión hacia su cónyuge sigue haciendo mella en la mujer japonesa. Pese a que muchas optan por el empoderamiento y desarrollar una carrera profesional, las “obligaciones” morales dentro de los matrimonios nipones no han desaparecido. El hombre es quien lleva el dinero a casa mientras que la mujer se ocupa de los niños y los quehaceres del hogar.

Y vosotros, ¿Qué opináis de las relaciones hombre-mujer dentro de la sociedad japonesa?

 

 

Periodista en Japón
Apasionado de todo lo que rodea al país asiático, en especial del ramen y las novelas de Haruki Murakami.
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