Lucha Anjanath yRathalos Monster Hunter World

Monster Hunter World: más alla de un videojuego

Tras 15 años, 29 juegos, 43 versiones y más de 35 millones de unidades vendidas la saga Monster Hunter desembarca como se merece, por fin, en el viejo continente. Monster Hunter World de bien seguro hará las delicias de expertos y novicios en el arte de “cazar” bestias jurásicas.

Capcom, una de las empresas de videojuegos niponas más conocidas y laureadas, encontró en la fórmula “humano vs criatura de dimensiones descomunales” su gallina de los huevos de oro.Y es que en el país asiático los fans de Monster Hunter se cuentan por millones y cada entrega, ya sea para consolas de sobremesa o portátiles, es un éxito asegurado para las arcas de la compañía. Quizás por eso, nunca antes se plantearon seriamente una distribución a escala mundial, quién sabe. Sin embargo,  esto cambió el 26 de Enero cuando Monster Hunter World se puso a la venta en el mercado occidental. Por primera vez los usuarios de PS4, Xbox One y, posteriormente, PC tendríamos nuestra ración de “caza”.

Abro paréntesis. Al escribir estas líneas leo que el juego ya ha conseguido la friolera de seis millones de copias distribuidas entre ventas digitales y formato físico. Se convierte de esta manera en el título de Capcom que más rápido lo consigue. Cierro paréntesis.

dragones en Monster Hunter World

Anonadado por la embergadura de las bestias de Monster Hunter World

Una franquicia con poco recorrido en occidente

Hasta aquí los datos. Mi objetivo con este artículo no es añadir otra review a la extensa lista que podréis encontrar por internet. Simplemente me apetecía escribir just for fun sobre una de mis grandes aficiones, los videojuegos. Y, ¿Por qué Monster Hunter World si como dices pertenece a una saga poco conocida en occidente? La respuesta es simple: hacía años que un videojuego no causaba en mí emociones tan intensas.

He de reconocer que hasta la fecha no había tenido la oportunidad de sumergirme en el universo de Monster Hunter. Me picaba la curiosidad saber por qué un juego de tales características generaba tanta pasión en el archipiélago nipón, poco más. Supongo que la política de distribución de Capcom tampoco ayudó a aumentar mi hype por hacerme con alguna copia. Quizás, se obcecaron con la idea que la fórmula “exigente” de Monster Hunter no sería bien recibida por un público ávido de juegos deportivos o de disparos en primera persona. Quién sabe.

El buque insignia de Capcom es una franquicia de éxito en Japón pero poco conocida en occidente.

Monster Hunter World se presenta al mundo

Fue en el E3 (Electronic Entertainment Expo) de 2017 con la presentación mundial de Monster Hunter World cuando se despertó en mí el “gusanillo” por la “cacería” de Capcom. Un gameplay, poco más, para que la “comunidad” se diera cuenta que estábamos ante algo muy grande. Una vuelta de tuerca a la saga con un objetivo claro: expandir el universo Monster Hunter más allá de las fronteras del país asiático. Y, ¿Cómo lo iban a conseguir? Sencillo, “abrazando”  a los nuevos “cazadores” occidentales sin dejar a un lado la legión de fans incondicionales del juego. Un lanzamiento global con todos los ingredientes de siempre y nuevos desafíos que olía a “pelotazo”. Al principio, surgieron algunas dudas y reticencias dentro de los más puristas por miedo a “casualizar” la franquicia. ¿Se simplificarían las mecánicas para adaptarse a los recién llegados en detrimento de la exigencia y dificultad marca de la casa? Sólo fueron eso, dudas. Después de casi 50 horas descubriendo el Nuevo Mundo de Monster Hunter World puedo decir que no es para nada un juego fácil. Profundo y complejo como pocos.

Desde su “premier” mundial en junio de 2017 hasta su fecha de lanzamiento a finales de enero de 2018 han pasado apenas siete meses. Digo apenas porque un juego triple A como este suele tener un proceso de creación y producción mucho más dilatado en el tiempo. Bien es cierto que el equipo capitaneado por Yuya Tokuda, director, y Ryozo Tsujimoto, productor, llevaban varios años trabajando en secreto en el proyecto.

Aún así, y pese a jugar a las distintas demos, leer todo tipo de información y visionar horas en Youtube seguía sin estar del todo convencido con la propuesta de Capcom. Mi indecisión venía, en gran medida, por tener que escoger entre la “caza” de Monster Hunter World y los “combates” de Dragon Ball FighterZ. Ambos con fecha de salida el día 26 de enero. Fan de toda la vida de las aventuras de Son Goku y compañía, la balanza se inclinó en un primer momento por el título de Arc System Works Fue un buen amigo quién, con su insistencia, me hizo cambiar de opinión. Y le estoy agradecido.

combates en Monster Hunter World

Capcom sorprendió a propios y extraños con el anuncio de Monster Hunter World en el E3 de 2017

Monster Hunter World: un cóctel de emociones

A partir de ahora, si aún seguís leyendo, sabed que no encontraréis nada que se parezca a un análisis del juego. Se ha hablado largo y tendido en la red sobre los gráficos, su jugabilidad, el modo historia, la mezcla de mecánicas que incorpora o el bestiario compuesto por viejos conocidos de la saga y nuevas incorporaciones. Esto se lo dejo a las publicaciones digitales especializadas y a los youtubers. A partir de ahora vais a leer algo más introspectivo, las sensaciones que ha generado en mí Monster Hunter World.

Todo empieza una vez creado tu personaje y llegados a Astera, base de operaciones en el exilio del llamado Nuevo Mundo. Al principio todo son “ventanas” con mensajes informativos a modo de tutorial  para los novatos. Lejos de hacerse pesada esta guía inicial nos ayuda a ponernos en situación. Poco a poco te vas haciendo con los controles, hablas con distintos personajes no controlables y practicas con la multitud de armas existentes en la zona de entrenamiento. Escoge la que mejor se adapte a tu estilo de juego ya que será crucial para regresar sano y salvo de tus expediciones.

escenarios de Monster Hunter World

El primer encuentro con una bestia hostil: el Gran Jagras

Un entorno vivo que no deja indiferente

Y llega el momento de salir de “cacería” por el basto y rico mundo de Monster Hunter World. Solo o acompañado por alguno de los jugadores que comparten tu sesión online te desplazas hacia el primer escenario del juego: el frondoso Bosque Primigenio.

Metido de lleno en el papel de mi aguerrida cazadora y junto al fiel e inseparable escudero felino empezamos a dar los primeros pasos en tan gigantesca aventura. Este fue uno de los primeros “impactos” emocionales que tuve. Ser partícipe de un universo en constante cambio y lleno de vida. Los ciclos día-noche son de los más creíbles y los cambios climáticos alteran el comportamiento de los seres vivos que habitan los parajes de Monster Hunter World. Fauna y flora comparte terreno como si de un documental de National Geographic se tratara. Gratamente sorprendido y mientras disfruto embelesado de la geografía de un terreno sin horizonte me sorprende Anjanath. Un T-Rex  enorme que, por suerte, parece no haberse percatado de mi existencia. No creo que con mi actual armadura y destreza a los mandos pueda hacerle siquiera cosquillas.

Al poco de vagar por las llanuras y bosques de este primer escenario me doy cuenta de que la tensión se palpa en el ambiente. Las sorpresas esperan a la vuelta de la esquina y si no que se lo digan al gran depredador de antes cuando en su camino se postra Rathalos, uno de los míticos dragones de la franquicia. Frente a mis atónitos ojos se enzarzan ambos en una pelea territorial por ver quién es el más fuerte. Increíble.

Más allá de si te gusta o no la temática, de si eres un jugador empedernido o más bien casual o si te consideras o no seguidor de la saga, la obra del estudio japonés es un verdadero espectáculo audiovisual. En mi caso, y en el poco tiempo que llevo jugando a Monster Hunter World ha generado en mí todo tipo de sensaciones: jubilo, ternura, tensión, desafío, miedo, pertenencia, impotencia, angustia, desasosiego, estrés… No recuerdo la última vez que “algo” me hizo sentir tal cóctel de emociones. A aquél que aún dude sobre si los videojuegos son arte o no le diría lo siguiente: coge un mando, enciende el televisor y disfruta de unas horas en el mundo de Monster Hunter World. Seguro que cambias de idea.

Pocas veces una experiencia audiovisual me ha provocado tal mezcla de emociones. Un mundo vivo apto para principiantes y avezados cazadores.

Rathalos en Monster Hunter World

Rathalos: uno de los dragones más conocidos de la saga Monster Hunter

Al apagar la televisión

Cuando terminé la primera expedición y abandoné la partida, inspiré y expiré profundamente para seguido soltar un profundo y sonoro “buuffff”. No era más que mi subconsciente que, ya relajado, expresaba la satisfacción por la experiencia vivida. Salvando las diferencias, al igual que los protagonistas de la película Jumanji cuando por fin terminan la partida.

A partir de ese momento otro sentimiento invadió mi cuerpo: el “mono”. La necesidad de seguir jugando para encontrarme con el siguiente desafío en forma de animal prehistórico. Pensaba en cual sería mi próxima misión, en la siguiente evolución de mis dual blades, o en cómo podría conseguir los materiales para forjarlas y de este modo cazar al temible Anjanath.

Durante las horas de trabajo me asaltan pensamientos sobre las batidas de caza junto a otros jugadores. Pienso ¿De qué manera puedo “encargarme”  de los dragones Rathalos, Diablos, Nergigante o Legiana? ¿Cuál será la siguiente criatura que se interpondrá en mi camino? Las ganas de volver a “pisar” el Nuevo Mundo son constantes y espero con ansia la hora de volver a casa para seguir disfrutando de Monster Hunter World.

Todo esto que cuento algunos pensaréis que se aleja de línea editorial habitual del blog. Puede ser. Pero bien es cierto que sin la sensibilidad a la hora de crear historias y mundos paralelos de los japoneses los videojuegos no serían lo mismo. Industria del ocio que en 2017 facturó, sólo en España, 1.000 millones de euros más que el cine y la música.

Periodista en Japón
Apasionado de todo lo que rodea al país asiático, en especial del ramen y las novelas de Haruki Murakami.
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